Prólogo.
Martín es un chico guapo, atlético, poseedor de un bonito
cabello rubio y llamativos ojos verdes, dueño de un carisma único y un brillo
propio tan potente que opaca a cualquiera a su alrededor. Es el orgullo de sus
padres y un ejemplo a seguir para sus primos, su capacidad de liderazgo se
impone de manera nata al igual que su poder de seducción. Pese a su simpatía
tiene un carácter fuerte, definido, dominante y cree tener el mundo a sus pies,
sin embargo en la presencia de Miguel solo es alguien sensible que depende de
cada instante a su lado para ser feliz.
Sin embargo, Manuel es un chico de baja estatura, demasiado
delgado para el gusto de cualquiera y no es atractivo, es demasiado común, ojos
cafés, cabello castaño y abundante flequillo que cubre levemente una de sus
cejas. Se caracteriza por ser callado, tímido, odia los deportes aunque adora
el fútbol, pero solo para verlo desde la televisión o desde las gradas. Posee
nula empatía para relacionarse con su entorno, prefiere la soledad y fundirse
en ella junto a un buen libro, proviene de una familia disfuncional la cual se
compone por su padre adicto y él, siendo tan solo un adolescente perdió la
capacidad de soñar, para él las personas son una mierda y los sueños son para
ilusos que al parecer no comprenden la definición de la palabra.
Miguel es un chico de estatura media, contextura fibrosa
debido a su buen apetito y que siempre está en movimiento, su cabello negro
alborotado, su piel trigueña y sus hermosos ojos ámbar le dan un toque exótico.
Miguel es carismático, alegre, posee una facilidad envidiable para relacionarse
con las personas, no es aplicado, se distrae con facilidad aunque poco le
importa lo académico y siente una gran pasión por la gastronomía. Siempre se
esmera por dar lo mejor de sí mismo, jamás se rinde, es demasiado obstinado y
terco como para dar su brazo a torcer, definitivamente en su diccionario
interno no existe la palabra derrota.
Martín y Manuel son como el agua y el aceite, no importa
cuánto se esfuerce Miguel por mezclarlos, el resultado siempre será el mismo,
sus distintas polaridades impiden que sea una mezcla homogénea, ya que, el
aceite siempre terminará separándose del agua. Así eran ellos, tan distintos,
tan opuestos, sin nada en común, sin embargo los tres eran amigos desde
pequeños, Martín no soporta a Manuel, lo detesta, su presencia le resulta
insoportable, más por Miguel finge un poco de empatía. Manuel sin embargo ama a
Martín desde que tiene uso de razón, sin embargo es un sentimiento que reserva
para sí mismo. Miguel ama a Manuel con locura pero no se atreve a pasar el
límite de la amistad. Los celos de Martín lo conllevaran a deambular por un
campo minado, que es el corazón de Manuel, lo que desencadenará un profundo
deseo de venganza por parte de este, el destino les mostrará una realidad
totalmente distinta, quizás el tiempo les haga descubrir que... "Son tres
piezas distintas de un mismo rompecabezas que encajan a la perfección."
